Toda mi vida había sido inusual, desde que entré a la escuela me di cuenta de que no era normal el ver cosas inexplicables y que a la vez me atrajesen. Nunca pensé que estas mismas cosas me llevarían a ser lo que soy ahora, una cosa que para muchos sería monstruosa, pero, que para mí es fascinante y excitante.Es primavera, una de las estaciones del año que más amo y una de las más importantes de mi corta vida. Fue en esta misma estación cuando me convertí en el monstruo excitante que soy ahora y me refiero con excitante la forma que tomó mi cuerpo después de la transformación, algo dolorosa pero que valió la pena. Aún recuerdo los colmillos de aquella fiera enterrándose en lo que era mi frágil cuerpo, absorbiendo cada gota de sangre que recorría mis venas y arterias y depositando en mí el elixir de la vida, ese elixir que ningún alquimista logró conseguir. Nunca supe el nombre de mi creadora y sus secuaces, sólo sé que me dejaron en ese lúgubre callejón, tendida en el suelo agonizando y con el pulso debilitado, si no hubiese sido por Leon no sé que habría pasado conmigo.Leon tiene alrededor de ciento diez años, pero, al igual que yo se encuentra en el cuerpo de lo que era él cuando tenía dieciocho. Me fascina cuando me mira y finge no estarlo, me encanta lo varonil que es y por sobre todo la manera con la que me trata. He probado varios tipos de sangre e indiscutiblemente la que mejor sabe es la de las adolescentes, de-li-cio-sa, sangre fresca y no rancia como la de los ancianos y los animales que matamos con Leon. Europa se ha convertido en la cuna de logias anti vampíricas; los dhampiros, la mezcla entre un vampiro y una humana, Leon dice que se han triplicado y que hay de ellos en toda Europa. Los dhampiros son la única arma mortal de nosotros los chupasangres, pero, debo reconocer que no les tengo miedo y es más creo que soy lo bastante fuerte como para derrotar a uno de ellos.
***
La luna ha salido y es hora de saciar la sed, Praga es bellísima de noche algo fastidiosa con la luz artificial, pero eso no es un impedimento para ir de caza. Nada de humanos señorita – dijo Leon mientras se abotonaba esa camisa que tanto me gusta, esa camisa verde que marca su torso y me deja algo hiperventilada. ¡Leon! Sabes que me aburre beber sangre de conejitos – le dije a la vez que hacía un puchero. Ni esos pucheros me harán cambiar de opinión ¿entendido? – dijo mientras se acercaba y me daba un beso en la frente.Odio a Leon cuando no se atreve a besarme en los labios, he estado junto a él casi cinco años y aún no lo hace. ¿Tendré que ser yo la que de el primer paso? – me miró algo receloso como preguntándose a que se debía mi comentario - ¿cuándo será el día en que me beses? Con que a eso te referías – sonrió llegando a mostrar sus colmillos – Maddie tienes diecisiete años y yo ciento diez Veintidós – corregí – pero nuestra ventaja es que somos inmortales y la edad aquí no importa – me calcé las botas y subí la cremallera del jersey azul.Leon no dijo nada y con un movimiento rápido salió de la habitación y de casa para juntarse con la larga noche que nos esperaba.El claro de Luna nos bañaba a ambos y nos emblanquecía aún más de lo que era nuestra pálida piel. Caminaba a pasos lentos por la hierba buscando pronto una presa, otro conejito a mi lista ¡que fastidio! Leon iba delante de mi, no muy lejos porque no le gusta dejarme sola, me percaté que se detuvo y con una leve inclinación se abalanzó hacia su presa. Me dejé llevar por el instinto y corrí ágilmente hacia una manada de alces y deposité mis feroces colmillos en uno de ellos, el pobre animal luchó contra mí mientras yo desgarraba algo de su piel y absorbía cada gota de sangre que extraía de sus venas.Cuando acabé me tiré a la hierba algo satisfecha por el gran bocado de esa noche. Leon había acabado y se encontraba apoyado en un árbol de brazos cruzados mirando a esa gran luna. Leon – dije en un tono de voz bajo para no romper la tranquilidad del bosque, me dirigió una mirada para ponerme atención a lo que le iba a decir – ¿te has enamorado alguna vez? Maddie – dio un suspiro – por qué tienes que ser tan preguntona ¿eh? – le lancé una sonrisa – hay algo que no te he contado aún – con un movimiento ligero llegó hasta mí – antes de que llegaras tu a mi vida, había otra persona conmigo… Angélica – quedé pasmada ante la confesión de Leon – ella fue mi creadora y de quien estoy profundamente enamorado – me levanté rápidamente. ¿Enamorado? – pregunté mientras mis ojos se preparaban a realizar lágrimas que nunca bordearían mis marmoleadas mejillas – no me sigas contando – dije mientras daba media vuelta para salir del bosque – nos vemos en casa – y desaparecí de su vista corriendo a una velocidad inalcanzable por el ojo humano.Me detuve en la entrada de la avenida principal, a pesar de la hora había autos por doquier cuando a mi vista llegó la figura de un chico con la piel del mismo tono que la mía sólo algo más rosácea y fue ahí cuando caí en la teja de que era un dhampiro, el único ser capaz de matarme. Lo miré desafiante y él me devolvió la mirada con mayor provocación tratando de asustarme, pero no fue así, el dhampiro no logró ponerme la piel de gallina y es más sólo logró darme mayor fuerza para enfrentarle...




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