
Desperté jadeante, sudando, llena de miedo, de terror, y algo de placer, instintivamente toque mi cuello, y el sudor fue todo lo que pude palpar, gotas de sudor que caían desde mi frente hasta el cuello y morían en mis pechos. Quite la sabana que me arropaba, y me tendí en la cama, había sido un sueño demasiado real, demasiado real para mi gusto, como todos los sueños que tenia de ese joven, del cual se llenaban paginas en mis libros, se escribían versos, prosas, tornase obsesión por épocas, y dedicaba canciones por la radio, era algo extraño, algunas amigas mías decían que estaba rayada con el tipo, tal vez si, tenían razón, pero últimamente los sueños con el eran más recurrentes, llegando al extremo de tomar pastillas para dormir para poder saber que viene, mmm si, creo que me estoy pasando, me gire en el colchón redondo de la cama y vi el boceto que había hecho de su rostro, mirándome con una mirada fría y la comisura de sus labios haciendo una casi imperceptible sonrisa, podría decir que si, dibujo bien, estaba orgullosa de ese retrato. Aunque el personaje del cual se hizo no fuese real.
Respire profundo y me levante de la cama, levante mis brazos y me estire dando un leve bostezo. Camine hacia el escritorio y di un ligero toque al mouse, el cual saco el computador de su hibernación y dejo ver un en su pantalla un documento Word abierto, esperando mis palabras, como espera un cadete la orden del capitán. Me senté en la silla, y comencé a escribir la continuación de mi libro, una leve transformación de mi sueño...
Yo soy escritora de profesión, algo exitosa, y no lo digo por pecar de falsa modestia, pero he vendido libros por todo el mundo, y fui premiada por el talento joven en varios concursos y revistas por tener tan solo 19 años. Me detengo un momento y miro el recordatorio del teléfono que se mueve frenético en el pulido escritorio.
"Recordar a las 17:45 horas. Presentación del sexto libro de la saga de "Las Crónicas de Lucius""
Y he aquí mi proyecto más exitoso, es una saga que habla sobre la vida, las aventuras y desventuras de aquel joven de mis sueños, Augusto, bastante interesante en verdad, aunque algo raro el muso, pero bueno... A mi mente volvieron las imágenes de aquella chica, que convulsionaba frenéticamente, me estremecí, últimamente mi personaje comenzaba a tener sucesivas batallas, y había conseguido a esta fulana, de la cual solo me venían figuras de capas, con el rostro siempre oculto e irreconocible, quien sabe... de mi mente puedo esperar cualquier cosa.
Termine de escribir hasta las últimas palabras del capítulo. Guarde el archivo, apague el computador y baje la tapa de la laptop. Una suave cola negra ronroneo frotándose en mi mano, era mi gata Berenice, aunque yo le llamaba Ren, nada que ver, pero bueno, ella se había acostumbrado a ese nombre, y solo venia si le llamaba de esa manera, gata caprichosa, maulló un par de veces mientras me pedía algunas caricias, las cuales regale con pereza, rasque sus orejitas y hasta tome su cepillo y le peine. Si, era una gata consentida.
Fui al baño y me mire en el espejo, !dios que amanecía despeinada¡, tome el cepillo de dientes y me cepille, busque unos vaqueros y un strapless que parecía un corsé de encaje negro, unas botas de cuero negras y un chaleco que hiciera juego, busque los accesorios pero me faltaba algo súper importante, no conseguí el collar que me había regalado mi madre el día que nací, que llevaba puesto siempre, excepto para dormir, era algo casi imposible, nunca se me había perdido, pero igual comencé a buscarlo, pasaron las horas y no lo conseguí, puse todo lo demás en la cama y tuve que resignarme a la perdida por el momento, lo buscaría después, aunque me doliera, pero sentía el cuello desnudo, así que busque una cinta negra y le coloque un dije de esos antiguos que había comprado en la feria de anticuarios de la ciudad y lo puse al lado de la ropa que me pondría, me fui al baño a tomar una buena ducha para quitar el sudor, el miedo y la tensión de mi cuerpo.
Me vestí, y senté en el computador, escribí un par de capítulos, comenzó a dolerme un poco la cabeza y bostecé, eso suena muy holgazán, pero tomaría una breve siesta, no podía darme el lujo de llegar con dolores ni con cara de sueño a la libreria. Fui a la caja de las medicinas, saque un ibuprofeno y me lo tome, tome el teléfono y puse la alarma a las 13:00 hrs, para después recostarme en el sofá con el celular en mi pecho, no quería quedarme dormida, eso sería imperdonable...
Corría, llevaba tiempo haciendo lo mismo, muchas noches huyendo y peleando, como si de esas dos acciones se conformaran su vida. Le vi saltar de tejado en tejado con la gracilidad y agilidad de los felinos, buscando refugio, y vi su mirada, su mirada fría, podía ver también que no andaba con esta chica que había encontrado, era increíble como cambiaba su mirada cuando estaba con ella, pero era mas fría aun, tal vez todavía no la había conocido.
La ciudad era ajena a los seres que saltaban a la luz de la luna por los tejados, el joven de cabellos azabaches encontró un lugar solitario y descendió con paso firme a las aceras, con su brazo rompió un vidrio haciendo el menor ruido posible, metió su mano por la abertura y abrió la puerta de una casa, la casa se veía impasible, todos yacían en sus camas durmiendo.
Con su aguda vista diviso la habitación, buscando un sótano o algo así, pero en ese momento tropezó con la biblioteca y esta deja caer tres libros, que él logro coger antes de que cayesen al suelo, pero cuando fue a ponerlo en su lugar algo le llamo la atención, y su mirada se endureció aun mas, cuando en la portada resaltaba un dibujo de un joven de belleza inconmensurable curiosamente parecido a él y un titulo que lo dejo aun mas incomodo "Las Crónicas de Lucius ", agudizo su vista en la biblioteca, y vio cuatro tomos mas, dispersos en las repisas, los tomo intentando no romperlos al ver más dibujos de aquel reflejo suyo en las portadas y una invitación a la presentación del sexto libro y cuando ya iba cruzando el portal de la sala vio una laptop en el escritorio, la tomo también, no sin antes cuadrar de que habían sido víctimas de un extraño asalto, las pistas, las huellas. Y se retiró con paso pesado y la respiración marcada por las escaleras del oscuro sótano, cerrando la puerta para que nadie le interrumpiera en su "agradable y tranquila lectura".
Me desperté sin poder creer ni dar crédito a lo que había soñado ¿Se podían soñar cosas como esas?, me hice repetidas veces esta pregunta, me senté y asegure que todo era un simple sueño, solo un sueño "Freak", me estiré de nuevo, fui al baño, lave mi cara con abundante agua y me maquille, fui a la cocina y prepare algo de comer. Mientras comía, mi mente divago en los sueños anteriores.
Busque de nuevo entre mis cosas con la esperanza de encontrar el dije, pero nada, además tenía que irme o llegaría tarde. El sol comenzaba a ocultarse parsimonia por los tejados de los edificios, ocultando el fulgor de su luz para el otro día, caminaba por la acera perdida en otros mundos imaginarios, mundos que solo podían tomar forma en mi cabeza alimentados por los sueños de estos últimos 12 años, en mis oídos solo retumbaba el taconeo, no escuchaba el ruido, nada, y volví a sentir esa sensación, esa sensación de que algo me esperaba a la vuelta de la esquina, algo grande iba a suceder ¿pero qué?, ¿Por qué esta ansiedad?. Una bocina de un auto me hizo saltar de mis pensamientos, cuando casi me atropella.
-¡Mira donde caminas!- grito el hombre, del cual solo pude disculparme con un suave susurro de mi voz, por el susto, sentía el palpitar de mi corazón en los oídos, y vaya que susto.
Tome el transporte público que me llevo cerca de la librería, podía divisarla, con un brillante stand, pancartas, afiches y una larga fila de fans, sería una jornada larga.
Cuando ya iba a llegar, me abordo Laila, mi editora, una mujer de color, con la belleza de una princesa africana, de rasgos finos y delicados, de piel chocolate y cabellos rebeldes castaños, oscuros y rizados.
-Dios chica que pálida estas…- dijo mientras miraba con preocupación mi rostro
-¿Por qué?-
-Estas palidísima.
-Es que me lleve el susto de mi vida unas calles más atrás.- con mis manos señale al sur.
-Adivino. Casi te atropellan de nuevo ¿Verdad?
-Has acertado- sonreí.
-Eso te sucede alrededor de dos o tres veces por semana, así que no es novedad… ¡Deberías tener más cuidado por donde caminas!, y bajar esa cabecita de donde sea que este- dijo desordenándome el pelo – No siempre tendrás la misma suerte- su voz sonaba a sermón, y la verdad ya estaba acostumbrada, ella me trataba como su hija, siempre maternal y cariñosa, y estos últimos 2 años había pasado con ella tanto tiempo, que podría decir que casi lo era.
-Jejejeje, si tendré que estar más pendiente.- la afirmación sonó con desdén, no me gustaba que Laila me regañara.

-Bueno, está todo listo. Ven, ya va a comenzar- Tomo mi mano y ambas caminamos a la gran y estrambótica librería, al entrar al portal de la puerta, pude escuchar la música, Le Fragile Mort de Proyecto Oniric, la música que usaba para escribir mis cuentos, como se notaba que era un lugar de fanáticos de mis libros. El taconeo de mis zapatos se perdía en el murmullo de la multitud, que vestía como los personajes de la saga, que al verme comenzaron a acercarme libros para que los firmara, a gritarme palabras de aliento y gratas opiniones acerca libro. Laila me resguardaba junto a otros dos chicos, no querían accidentes ni que me desmayara, si, tenía una gran facilidad para desmayarme.
Subí al segundo piso el cual se encontraba vacío, di unos pasos hasta llegar a la baranda y sonreí, la librería estaba llena. De pronto reino un silencio en la sala, me pasaron un micrófono y la gente comenzó a aplaudir, ese había sido mi trabajo estos últimos meses, promocionar mis libros.
La presentación del libro fue corta, con algunas opiniones, datos interesantes, y un adelanto del otro libro, la verdad, es que tarde mas en autografiarlos que presentarlos, la fila parecía interminable, y comenzaba a cansarme. Pero después de una hora y media, el dueño de la librería comenzó a cerrarla y tuvieron que marcharse. Ayude al señor a cerrar la librería junto con Laila.
Al salir por el portal de la puerta, sentí que me había vuelto ciega, la oscuridad lo inundaba todo y solo se veía una gran y redonda luna llena que reinaba en mitad del cielo, la mire un rato casi como hechizada por su brillo y volví a sentir esa ansiedad que me había consumido una horas atrás hasta que sentí que Laila me tomo por lo hombros y movió bruscamente, al parecer para que bajara del “país de nunca jamás” como ella le llamaba.
-Niña, cada día se me hace más difícil de bajarte de las nubes, por dios.- dijo Laila con una sonrisa ocultando la preocupación que había en su voz.
-Jejeje, lo siento.- encogí los hombros y vi como sus manos los soltaban
-¿Te acompaño a tu casa?- pregunto.
-No tranquila, es que pasare a hacer unas compras y me tardare.-
-¿Seguro? Mira que me puedo dar el tiempo.- sonrió, había descubierto que solo era una excusa para que no me acompañara.
-Seguro.- afirme.
-Bueno, entonces nos vemos mañana en la tarde, tendremos que ir a otra librería fuera de la ciudad. Cuídate Deby y cuidado por donde caminas.-
-Estaré bien- y sonreí mientras Laila se despedía de mí con un gesto de su mano, la vi hasta que solo fue una pequeña hormiga y emprendí el viaje camino a casa.
La calle estaba sola y el taconeo de mis negras botas retumbaba en mi oídos, miraba las calles, las farolas del alumbrado público, las tiendas que yacían cerradas, y las escasas dos personas que caminaban al otro lado de la acera, una pareja que iba achuchándose apasionadamente.
Camine varias cuadras mas, era un largo camino al metro, gire un momento hacia atrás, una costumbre que me había enseñado mi instructor de defensa personal para cuando caminara sola por la calle, y vi a un hombre, alto de abrigo negro y de cabello largo agarrado con un lazo, debía de ser un fanático puesto que ¿Quién usa peinados como esos en nuestro tiempos? Tendría que vigilarlo bien, seguí caminando, esta vez un poco más rápido pude ver el anuncio del metro y un suspiro de alivio me salió del alma, voltee un momento y el hombre estaba más cerca, mirándome fijamente, con la mano en los bolsillos, un escalofrió recorrió mi cuerpo, y sentí que ya había vivido esto, y lo más importante, algo me decía que tenía que huir de él, era peligroso. Como un instinto animal, mis piernas comenzaron a echar una pequeña carrerita hasta el metro, una mitad de cuadra tal vez.
Me resguarde en la entrada del metro, tome un leve respiro, mire hacia atrás, ya no había nadie, palidecí, “tal vez el hombre ha dejado de seguirme” dijo la voz en mi cabeza, esperaba que fuera cierto.
Fui a la boletería para comprar un ticket, pase el torniquete, mirando hacia atrás a ver si me seguían, baje al andén en el cual no había ni un alma, espere el metro en uno de los asientos, intentando recuperar el aliento, mire el piso unos momentos intentando respirar profundo, pude escuchar el sonido inconfundible del metro, así que mire al otro extremo del andén, pero lo que vi me dejo llena de terror, esta vez habían dos hombres, el que antes me estaba siguiendo, con un acompañante, un joven de no más de 20 años de cabello negro y un poco más bajo que el otro, bueno, la verdad es que cualquier cosa es más baja que ese grandulón.
El metro alboroto mis cabellos y me acerque a la línea amarilla, los hombres comenzaron a caminar hacia mí, y yo solo podía repetir en mi mente, como si tuviera el poder de hacerlo, “detente metro, por favor” un centenar de veces. Eran rápidos, cuando ya el metro se había detenido habían recorrido la mitad del andén, considerando que estaban al otro extremo y que el andén era larguísimo. Los hombres se detuvieron al ver que no entraba y sus miradas furtivas se fijaban en mi, el tono para cerrar la puerta comenzó a retumbar, y los hombres comenzaron a correr hacia mí, espere allí, hasta que cuando la puerta comenzó a cerrarse salte dentro del vagón mi cartera quedo atrapada, y vi como el más joven de ellos la tomo arrancándola con fuerza sobrehumana de la puerta del vagón que la mantenía cautiva, palidecí aun mas, mire a ver donde estaba el otro, pero no había nadie más que el joven , un terror comenzó a apoderarse de mí, me sentía como en una película de terror, algo como, Atrapada con el psicópata del metro o algo así. Respire profundo, “Tal vez no haya entrado” me dije a mi misma intentando tranquilizarme “además, si entro, por los cálculos estará a tres vagones de distancia y son 3 minutos por cada estación y: uno, la estación que viene es la tuya, dos, el no puede pasar por los vagones así como así, tendría que romper la puerta y tres, un ser humano común no puede romper la puerta que conecta a vagón con vagón” concluyo. Respire profundo, tenía razón. “solo tienes que perderlo cuando salgas y te hechas a correr, tu casa no queda muy lejos de aquí.” Suspire profundamente, definitivamente tenía razón, solo tenía que ser rápida, ágil, y comenzar a sacar el gas pimienta y tal vez acercarme a alguna persona para que me acompañase.
El corazón retumbaba en mi cabeza, y lo podía sentir como galope de caballo, así como la adrenalina que recorría mis venas a velocidad inverosímil, si esta adrenalina me acompañaba de aquí a que se abrieran las puertas, tal vez correría más rápido.

De pronto un lejano estruendo se escuchó, y deje de hacer el monologo para poder poner más atención al sonido. De pronto volví a escuchar otro estruendo, seguida de otros más pequeños. Estruendo vidriosos que me daban mala espina, y miedo, entonces me agarre de la barra que yacía en el medio del vagón y mire, y lo que vi me dejo aterrorizaba, vi como el hombre aquel hombre que primeramente me venía siguiendo, el grandulón, y con una fuerza que no lo pude creer arrancaba la puerta del vagón continuo para después proseguir con las cámaras, palidecí, al extremo de que comencé a sudar y el pánico me invadió, dándome una especie de histeria, corrí hacia la puerta y comencé a gritar, pero era en vano, puesto que no había nadie que escuchara mis gritos, y por instinto comencé a correr al otro extremo del vagón de donde estaba el hombre que buscaba la forma para romper la puerta que le impedía el paso a donde yo estaba. Mientras corría pude ver como de pronto el “paisaje” negro de la ventanilla era cambiado por formas borrosas multicolores, estábamos llegando a la estación, comencé a golpear la puerta, tenía que salir, tenía que huir de aquí, y era urgente, ese tipo era un psicópata, un monstruo, nunca había visto algo así, volvió a sonar un estruendo y la luz se fue, la mole humana había logrado romper la puerta, el metro se detuvo y abrió las puertas, y me eche a correr escalera arriba, intentando ver si había alguien en la boletería, pero no había nadie, de seguro los guardias se habían ido a buscar las cosas para irse. Comencé a correr, a correr como si mi vida dependiera de eso (una expresión que se adecuaba muy bien al momento por cierto) y la oscuridad de la noche cayó sobre mi cabeza, mire hacia atrás y no había nada, todo esto sin detenerme, no tenía tiempo que perder, cuando llegara a mi casa llamaría a la policía y denunciaría los hechos, pediría resguardo policial o algo por estilo, cuando llegara a la casa se me ocurriría hasta tal vez algo mejor.
Tal vez llevaba una cuadra y me faltaban otras mas y un doble en una esquina para llegar al departamento, entonces voltee y lo que vi sumo mas pánico a mi estado de histeria, el chico joven que había dejado atrás en la estación anterior, caminaba con el grandulón en mi dirección a un paso que me pareció raudo, pero sus pies se veían calmados y pausados, y de pronto sentí esa sensación que se sienten en los sueños, esa de querer correr y solo lo haces cada vez más lento, el terror me invadió, los hombres inminentemente me alcanzarían, y doble la esquina, pero no era la correcta, mi nerviosismo y pánico, me habían hecho doblar por la calle equivocada, y el horror se desbordo en mi rostro al ver que había doblado al callejón un callejón sin salida que daba a la parte trasera del restaurante de comida china, en el cual solo había un auto estacionado en estado de abandono, me gire y los dos hombres me taparon la salida y comencé a correr de nuevo, alejándome de ellos, y me encontré atrapada por la pared y el auto, corrí entonces a la puerta trasera del restaurante, y comencé a golpearla con violencia y a gritar con desesperación rogando por ayuda, alguien tenía que estar allí, por favor, alguien tenía que oírme. Pero ya los hombres se encontraban a unos metros y sin perderlos de vista y comencé a caminar hacia atrás, intentando alejarme lo más posible de ellos (aunque sabía que cada esfuerzo seria en vano, estaba atrapada) quería aunque fuese, retardar sea que iban a hacerme, y sabia que no querían mi dinero, puesto que el joven de cabello negro me había arrancado la cartera en el metro. Tropecé con uno de los cubo de basura y eso distrajo al grandulón, en ese momento saque el gas pimienta que llevaba oculto entre mis ropas y se lo rocié de lleno en la cara y el joven ágilmente me tomo de las manos y me empujo hacia la pared, apretando con fuerza mis manos obligándome a soltar el spray, el grandulón soltó un gruñido y se arrodillo frotándose los ojos intentando apaciguar el ardor, mientras el otro intentaba inmovilizarme, intente usar el truco dos del curso de defensa personal, la famosa patada en la ingle, pero fue como golpear a una roca, ya que el chico interrumpió la respiración soltando un casi imperceptible gemido, pero no aminoro la fuerza de sus ataduras ni por un segundo. Por el contrario me apretó con más fuerza, haciéndome soltar un grito de dolor.
-Terminemos con este trabajo de una vez por todas, esta humana comienza a hartarme- dijo el más robusto de los dos con una voz grave. Mientras se levantaba del suelo.
-Pero es que es demasiado escurridiza.- respondió el otro el cual intentaba inmovilizarme, pero le costaba pescarme por mi delgadez y que le mordía arañaba y pateaba como podía. Si tenía que caer, no lo haría sin dar guerra… Entonces logré zafarme y correr solo unos pocos centímetros ya que volvió a tomarme, esta vez me agarro el brazo con tal fuerza y violencia, que lo arañó y comenzó a sangrar, y mientras que el grandulón intentaba inmovilizar mis piernas, y yo solo me retorcía intentándose hacer mi captura mas difícil (quien sabe, quizás hasta se cansarían) pero ellos solo respondían tomándome con más fuerza arañándome en algunas partes, el dolor era horrible, uno de ellos había hecho una profunda herida en mi brazo y hasta me dio múltiples golpes para que me quedara quieta. Ya no tenía fuerza dentro de pronto tendría que ceder y si seguías más me desvanecería.
-Ya vámonos de aquí antes de que llegue alguien- dijo el grandulón conteniendo mis piernas que se movían con fuerza.
-Si no fuera de valor para el jefe, lo juro que ya me la hubiera comido, no soporto humanos como estos…- rezongo el otro.
-Shhhh… Tenemos compañía- dijo el grandulón.
-Ve a ver.- ordeno el joven
-¡Auxilio! ¡Alguien por favor ayúdenme!- grité
-Calla- dijo el chico que más joven mientras me atraía contra sí con fuerza en una especie de opresivo abrazo y me dolieron todos los huesos, con la mano libre tapó mi boca, le mordí con la mayor fuerza que pude, pero él no apartaba la mano. El robusto hombre fue a ver, mientras el otro me llevaba hasta la oscuridad y yo intentaba revolverme en su abrazo e intentando gritar en vano. Las fuerzas comenzaban a abandonarme, los intentos de moverme para liberarme fueron escaseando y por la pérdida de sangre comencé a sentirme débil.
De pronto escuche unos gritos de pelea, unos gruñidos, unos golpes y cosas rotas, concluido por un grito de de ultratumba y piel desgarrándose, con las pocas fuerzas que tenia las use para algo muy animal, entrar en pánico y horror de nuevo, por lo que fuese que acechaba en la oscuridad, y el otro hombre me arrojo con violencia al suelo para ir en ayuda de su compañero, con la seguridad que con todo esto ya no podría moverme y tal vez perdería la conciencia, y pues tenía la razón, el callejón que yacía en una profunda penumbra, se fue confundiendo con mi perdida de vista y percepción de las cosas, para volver a escuchar los sonidos de hace unos pocos segundos, la vista se fue tornando negra, ya no sentía el dolor, toque el suelo y mis dedos se mancharon con un liquido carmesí, era mi sangre, de seguro tal vez moriría, sola y sin ayuda, o tal vez me mataría lo que fuese que al parecer había matado a mis captores, una lagrima se resbalo por mi mejilla fraguándose con la sangre, intente dar un último grito al ver la sombra acercándose a mí y la vista se torno negra, tal vez me habré desmayado, o tal vez morí, asesinada por aquella sombra…




NOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!>A<
ResponderEliminarcomo lo dejan así ohhhhhh maldición quiero saber qn la salvó jaajaj ohhhh casi muero de la emocion no daba mas por terminar, o mas bien seguir XD TAT quedó buenísima ahhhhh puxa quiero la continuación O-ó.
Hasta me llegó a dar miedo uyyy esos tipos sicópatas q miedoo y esa sensacion de lentura mientras corres tambien se como es, por los sueños es algo horrible, me emocione demasiado,esuuu no se que más decir exelente!!! chauuu
Jajajajajja que bien que te gustoooooo *-*, por fin alguien que comenta xD jajajajaja, ya me estaba empezando a traumar jajajaja xD, pues ahi la proxima semana :D posteo el otro capitulo entero... mientras espero a imagen muajajajaa xD. Un saludo :P
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